Shahid
En este film de autoficción, se difuminan los límites entre realidad y ficción, entre burocracia y fantasía. La directora lucha por desprenderse del título de mártir («Shahid») que lleva en su nombre, pero su bisabuelo, declarado mártir en su día, se opone. En una absurda mezcla de humor, música y puesta en escena, Narges Kalhor inicia un proceso de confrontación y reflexión sobre sus raíces iraníes.
En su obra cinematográfica de autoficción, la cineasta Narges Kalhor visualiza un complejo entramado de tensiones identitarias y políticas. La cuestión central es la identidad femenina entre su país de origen, Irán, y Alemania, así como el lenguaje que caracteriza esta identidad. Narges Kalhor quiere quitarse el segundo nombre, Shahid, cuyo significado («mártir») percibe como una pesada carga. Su origen se remonta a un bisabuelo que, según los mitos religiosos y políticos de Irán, recibió este honorable título y lo transmitió a sus descendientes sin que nadie se lo pidiera.
Narges Kalhor se enfrenta a este legado con mucho humor y algunos recursos cinematográficos: el legendario antepasado aparece junto a sus compañeros como figuras fantasmales que quieren bailar y ganarse al doble cinematográfico de la directora. La cámara flota con ellos por los decorados cinematográficos, mientras la protagonista lidia con obstáculos burocráticos y evaluaciones psicológicas. Realidad y ficción, documental y performance, teatro, juego de sombras y tradición visual persa se entrecruzan para crear una mezcla llena de ambigüedad, acompañada de música y humor absurdo.
Imágen © Leonie Huber